NOA

Visión del escenario «NOA»

Grupo NOA (Salta y Jujuy).

El escenario NOA lo conformamos un grupo de instituciones académicas y de la sociedad civil de Salta y Jujuy. Nucleados por el Consejo Profesional de Agrimensores, Ingenieros y Profesiones Afines (COPAIPA), se encuentran la Universidad Católica de Salta, la Universidad Nacional de Salta, la Universidad Nacional de Jujuy, el Instituto de Investigaciones de Energías No Convencionales (INENCO—UNSA—CONICET), la Comisión Nacional de Energía Atómica Regional Noroeste, y el Colegio de Ingenieros de Jujuy.

Estamos convencidos que el debate sobre el desarrollo energético tiene que reorientarse. Esto requiere debates amplios, transparentes, y fundamentalmente participativos, ya que no se puede dejar la política energética librada a intereses sectoriales, ni pensar que las soluciones tipo «bala de plata», como Vaca Muerta (o el viento de la Patagonia), serán la salvación de nuestro país.

En este sentido, el escenario energético que visualizamos se enmarca en nuestra visión de país. Creemos que el país tiene el legítimo derecho a usar todos sus recursos de manera responsable, sustentable y eficiente, pero al mismo tiempo usar dichos recursos para impulsar el desarrollo del país, ya que crecimiento no es igual a desarrollo. Aquí marcamos una postura definida, los mercados energéticos mostraron sin lugar a duda que poseen limitaciones que no pueden ser superadas por sí mismos, y que la intervención del Estado en su rol de impulsor de políticas estratégicas es necesaria. El desarrollo que visualizamos es la adquisición de capacidades productivas, utilizando y desarrollando tecnologías y organizaciones a través del uso de los recursos naturales que dispone el país.

Desde el lado de la demanda, creemos también que se puede trabajar fuertemente, sobre todo en aquellos sectores donde participen empresas locales, innovando y generando equipamientos cada vez más eficientes y ajustados a nuestros requerimientos. Es por eso que pensamos en una fuerte penetración de equipamientos que reemplacen o mejoren el uso de gas natural, como calefones sin piloto, calefones solares y aires acondicionados, iluminación (tanto de edificios como alumbrado público), los cuales deberían ir de la mano de políticas de promoción industrial y planes para el reemplazo de equipos, no podemos esperar que solamente la señalización de la eficiencia provoque la transformación en los usos.

Lo mismo sucede con la política de electrificar todo el parque de colectivos urbanos, estimado por la Plataforma en casi 50.000 unidades al año 2040. Si bien creemos que debe replantearse toda la política de movilidad urbana (alternativa no prevista por la Plataforma), pensamos que no es un número grande de vehículos, por lo tanto, se puede aplicar una política de asociación con alguna empresa para producir esos vehículos en nuestro país, en el menor tiempo posible. En cambio, respecto a la política de incentivos para los autos eléctricos, no creemos que deba incentivarse tanto y que Argentina seguirá las tendencias mundiales, donde se espera que al año 2040 el 50% de la venta de automóviles nuevos, sea alguna combinación de vehículo eléctrico/híbrido.

Con el set de medidas de eficiencia energética y ahorro de nuestro escenario llegamos a reducir un 17% la demanda respecto de la propuesta en el ejercicio, con los mayores ahorros en gas natural, llegando a un ahorro del 30% respecto a la demanda propuesta. Lo mismo sucede con los consumos de nafta y gasoil, donde los ahorres rondan un 20%, por una mayor penetración de biocombustibles, la conversión parcial del parque automotor y de la totalidad de colectivos urbanos a electricidad. Estos cambios en energéticos para diversos usos impactan claramente en una mayor demanda eléctrica, a pesar de los ahorros efectuados.

Por el lado de la oferta energética, somos conscientes que nos encontramos a las puertas de una transición energética, que debe ser direccionada a través del Estado para poder aprovecharla de la mejor manera posible. Esto implica repensar muchos paradigmas que rodean al sistema energético, dejar de lado ideas preconcebidas y buscar nuevos mecanismos para incentivar fuentes energéticas que no tuvieron desarrollo desde que se liberalizó el mercado, a principio de los años ’90.

La primera fuente a la que recurrimos es la hidroeléctrica. Argentina apenas usa un 25% de sus recursos hidroeléctricos, cuantificados en alrededor de 45.000 MW de potencia. Consideramos que es un recurso limpio, con las menores emisiones de CO2, la mejor eficiencia, una gran vida útil (llegando a casi 100 años, más que cualquier otra tecnología), y que además permite una mejor inserción de las energías renovables no despachables. Además, debido a la geografía de nuestro país, ese recurso representa la posibilidad de aprovechamientos multipropósitos para el desarrollo agro-industrial y recreativo. El plan que pensamos podría haber incluido más centrales, pero nos limitamos a las propuestas por la Plataforma.

El desarrollo hidroeléctrico lo pensamos a partir de la segunda mitad de la próxima década y se fundamenta en dos pilares. El primero, desarrollar los proyectos, presentarlos a la sociedad, priorizarlos y generar los consensos necesarios. El segundo es financiero y operativo. El desarrollo de este tipo de centrales es altamente demandante en capitales, gran limitación para nuestro país. Entre los años 2023 y 2027 vencen las concesiones de casi 5.800 MW hidroeléctricos. Creemos que se no se deben renovar y pasar a formar parte de una gran empresa que utilice los recursos generados por esas centrales para el desarrollo de las nuevas, generando un círculo virtuoso. Así como Eletrobrás es el propietario (solo o asociado) de más de 155 GW de potencia hidroeléctrica, o el caso de Noruega, donde más del 90% de la potencia hidroeléctrica es propiedad de empresas cuya titularidad es del Estado. Asegurado el financiamiento, nuestro país tiene tanto los recursos materiales y humanos, como tecnológicos, para encarar un plan de construcción de 10.000 MW de centrales hidroeléctricas de todo tipo en 15 años (a un promedio de 3.300 MW por quinquenio). Hace cuarenta años, Argentina construyó en el mismo período de tiempo (entre los años 1970 y 1985) 6.500 MW en represas.

Otro pilar básico de nuestro plan es un desarrollo planificado de las energías renovables no despachables de implementación masiva, básicamente la eólica y solar. Ambas fuentes poseen casi el 50% de toda nueva potencia a instalar en nuestro plan (30% eólica – casi 19.000 MW y 20% la solar – casi 12.000 MW). En el caso de la energía eólica, hay que aprovechar los fabulosos recursos que posee nuestro país, pero hacerlo de manera planificada. Después que se instalen los casi 4.000 MW licitados en los diversos planes RenovAR, a partir del año 2020, se irían incorporando en forma escalonada 600 MW – 700 MW– 900 MW a lo largo de todo el período de estudio. Este horizonte firme, escalonado, permitiría realizar acuerdos con fabricantes de generadores eólicos para que se instalen en Argentina, creando las capacidades productivas necesarias para nuestro ideal de vinculación entre el sector energético y el desarrollo productivo.

Respecto a la energía solar, nuestro plan contempla una instalación anual promedio de 500 MW de paneles fotovoltaicos. Inicialmente, la mayor instalación se dará en parques solares para generación a gran escala, sin embargo, a medida que evolucionen las redes eléctricas y bajen los costos, se contempla que cada vez exista una mayor penetración de la generación fotovoltaica distribuida. La implementación de la energía renovable no despachable pensamos que sea acompañada, de tecnologías de almacenamiento eléctrico a escala masiva. Si bien nuestro mayor almacenamiento serán los embalses hidroeléctricos, también pensamos en la incorporación de casi 5.000 MW de almacenamiento en baterías, para capturar toda energía adicional que se produzca en centrales eólicas y solares e inyectarla a la red cuando sea necesario, para evitar vertidos o faltantes de energía. El carácter modular de esta tecnología, es ideal para un crecimiento sostenido. Aquí también, pensamos que nuestro país tiene que hacer uso de sus recursos minerales (el litio, en este caso), desarrollar la tecnología y aprovecharla industrial y comercialmente.

El tercer gran recurso que pensamos debería utilizar nuestro país es el nuclear. Es la fuente energética más segura a nivel mundial, la que menos recursos consume por energía generada, en la cual Argentina tiene grandes capacidades logradas a lo largo de los años. A pesar de los anuncios del gobierno de cancelar la construcción de la cuarta y quinta central de origen chino, creemos que éstas son necesarias para el desarrollo de una línea de reactores nucleares nacionales, por ello las consideramos desfasadas de su cronograma original. Ese puente tecnológico, nos permitiría alcanzar la década del 2030 con las capacidades suficientes para encarar un plan de construcción escalonado de reactores comerciales tipo CAREM, desarrollados completamente en el país, generando los consensos necesarios locales, de una manera clara y transparente.

Con cinco centrales nucleares operativas (las tres existentes, más las dos a construir), ya se generarían fondos suficientes por venta de energía para la construcción de nuevas centrales, aunque sabemos que el debate debe ir más allá, y debemos buscar nuevas formas de desarrollar estos proyectos. Un modelo que resulta atractivo es el finlandés, donde las centrales nucleares son propiedad de «Mankalas», una especie de cooperativa. Cediendo parte de la propiedad, para asegurar bajos costos de generación, energía barata, limpia y abundante a empresas y provincias. Creemos que así se podrían generar los apoyos necesarios que esta fuente energética no está sabiendo conseguir. Existe una demonización por parte de algunos grupos, fundada en ideologías y mentiras, que sabemos que hay que desmitificar. Este trabajo no es inmediato, y por eso, nuestro plan asume que antes de ir a una implementación a gran escala de este recurso, hay que tomar el tiempo necesario para dar el debate y generar conciencia.

El uso de la tecnología también implica para nosotros el uso del recurso, y en ello creemos que también debería desarrollarse la minería del Uranio para abastecer de combustible nuclear a las centrales y el desarrollo de tecnologías como el enriquecimiento, de manera de contar con producción local. Ya que este ejercicio plantea que todo combustible nuclear es importado, el modelo castiga nuestro escenario en lo referente a independencia energética y en balanza comercial, lo cual consideramos se debería replantear.

No menos importante es considerar que también existe lugar para desarrollar el resto de las energías renovables, pero en un modo de nicho, con ello se quiere significar respecto a energías devenidas a partir de la biomasa, biogás, geotérmica y solar concentrada, ya que este tipo de tecnologías están llamadas a cubrir necesidades específicas donde generen algún agregado de valor.

Llegamos así a una matriz eléctrica diversificada, que permitiría ubicar grandes cantidades de energías no despachables, y al mismo tiempo energía masiva a bajo costo sin grandes necesidades de respaldo térmico, que la cubriría la hidráulica y nuclear. Nuestro escenario mantiene los costos estables a lo largo de todo el horizonte estudiado, y cuando se terminen de repagar todas las inversiones realizadas en el sector nuclear e hidroeléctrico, los costos serán sensiblemente menores.

Nuestro escenario también apoya un desarrollo moderado y sustentable de los recursos hidrocarburíferos en Vaca Muerta, pero no consideramos que debiera incentivarse un desarrollo intensivo de un recurso que, por más grande que se cuantifique, sabemos que es finito. Al año 2040 nuestra matriz energética todavía estará basada en recursos fósiles –Gas (44%) y Petróleo (24%) –, por lo que sostenemos que el desarrollo de Vaca Muerta es vital para nuestro país. Pero no visualizamos a nuestro país como un exportador de hidrocarburos, en nuestra historia reciente pasamos de la euforia (gas para 99 años con Loma de la Lata) a la escasez en materia de hidrocarburos por no gestionar de una manera adecuada los recursos, regalando un energético que no fue repuesto a posterior.

La integración energética regional es un camino a construir que deseamos e impulsamos, pero manteniendo un balance entre necesidades de importación y las posibilidades de exportación. No creemos que Argentina se transformará en un exportador neto de energía. Consideramos que mantener las importaciones de gas de Bolivia y que la construcción de nuevas centrales hidroeléctricas binacionales con Paraguay y Brasil generarán lazos comunes que exceden al campo energético.

Si bien sabemos que nuestro país tiene, dentro de las responsabilidades compartidas y diferenciadas respecto a las emisiones de gases de efecto invernadero, un papel casi marginal, nuestro escenario plantea una reducción de casi el 80% de las emisiones específicas del sector energético (llegando a 80 TnCO2/GWh) y de casi un 40% de las emisiones primarias energéticas, llegando a 1400 tCO2/kTEP). Nuestro escenario permite ir descarbonizando la matriz energética, pero sin sacrificios ni sobrecostos en nuestro sistema, evolucionando a medida que se incorporan tecnologías de bajas emisiones en nuestro sistema.

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